El marido en casa y la mujer en el trabajo

Dzień dobry! ¡Hola a todas y a todos! Hacía tiempo que no actualizaba, y hoy os muestro un artículo de Gazeta Wyborcza que me llamó mucho la atención :) Una vez más se puede ver que muchas polacas siguen teniendo una mentalidad un poco machista, pero poco a poco todos intentamos vivir en un mundo cada vez más igualitario entre hombres y mujeres. ¡Espero que os guste!

Mi marido ha dejado el trabajo y se ocupa de los niños. Estoy preocupada.

Al principio compraba en la garmażeria, y algunas veces a la semana comida china. Después aprendió a hacer ricas bases de pizza, se volvió un experto tanto de los supermercados y las compras como del
mercadillo.

Beata acudió al psicólogo cuando sintió que estaba harta de la vida en constante estado de tensión. No le ayudaron las conversaciones con sus amigas, ni hacer fitness, ni irse de compras, ni las cenas, ni las fiestas. Por la mañana le invadía la tristeza, y a lo largo de una hora caía en una extraña excitación. Después de algunos meses entendió que aquello no se pasaría sin más y que hacía falta hacer algo al
respecto.

- Le hablo de mí y, al final, le acabo diciendo: mi marido ha dejado el trabajo y ha decidido ocuparse
de la casa y de los niños.

- ¿Y eso le preocupa? – pregunta la psicóloga.

- Más bien me cansa, porque me parece que lo hizo porque no le iba bien en el trabajo.

- ¿Ustedes tienen dinero?

- Sí, mi marido ahorró bastante e invirtió en la bolsa, y yo tengo un buen sueldo.

- ¿Y qué le preocupa? La mitad de las polacas querrían a un marido como el suyo. El tío está harto de trabajar sin descanso en la multinacional, y decidió ocuparse de la casa. Aprovéchelo.

...

- ¿Y qué, has aprovechado? – le pregunto, porque Beata vino a mi consulta hace casi diez años.

- Sí, pero entonces me avergonzaba a menudo, así de simple. Cuando les decía a mis amigos que Paweł había dejado de trabajar y se quedaba en casa, me miraban con compasión “oh, pobrecita”. Aquellos a los que no le caía bien preguntaban directamente: “¿Es divertido tener a un marido de adorno? ¿ Te resulta pesado vivir con ese zángano?”. Por aquella época estaba convencida de que eligió una vida de ama de casa simplemente porque las cosas no le habían salido bien. Ahora pienso que se hartó y aquello fue una especie de huida ante la locura provocada por tener una carrera espléndida. Un “éxito” para el que no estaba preparado. Resulta que tuvo una intuición excepcional para dejarlo.



Conocí a Paweł y a Beata en la universidad, ella era la típica rubia guapa, exageradamente sociable, incluso a veces molestaba su parloteo. Terminó contabilidad y finanzas y empezó a trabajar como asistente en un banco extranjero (hablaba muy bien inglés), cuando cumplió los cuarenta se convirtió en jefa de una de las sucursales. Paweł, un chico guapo, de una deslumbrante sonrisa, trabajó como encargado (terminó economía de la producción) en una sucursal internacional de una empresa productora de alimentos. Triunfaba en todo: en el deporte, en las fiestas y en el trabajo. Simpático y un trabajador excepcional. Pronto se convirtió en jefe, después de algunos años empezó a agobiarse y se le quitaron las ganas. Estaba harto de la presión, de la necesidad de regatear entre jefes y empleados. Cuando se dio cuenta de que apenas aguantaba en el trabajo fue cuando se tenía que tomar unos chupitos de vodka para aguantar. Se marchó de un día para otro.



Un coche cada vez más barato

Los hijos (Magda de 14 años y Marcin de 10) estaban un poco extrañados cuando todas las mañanas su padre les hacía unos panecillos con enormes lonchas de queso y jamón con hojas de lechuga. Todos los días lo mismo. Estaba convencido de que les encantaba, y a ellos no se les ocurrió decirle que no. Sin embargo algo cambió: cuando discutían sobre si ir los domingos en bicicleta al campo o a la piscina, los chicos le decían al padre cosas como: “Hasta que no trabajes no tendrás voz ni voto”.

-¿Te avergonzabas de que tu padre no trabajara, de que fuera con vosotros al médico o a las reuniones del cole? – le pregunto a Magda, una estudiante de biotecnología de 22 años.

-Claro. Era raro. No entendía por qué de un día para otro mi padre dejó de trabajar, y nadie me lo dijo. Después de algún tiempo, cuando se acabaron los ahorros, empezaron a irnos peor las cosas, en vez de tener un coche nuevo teníamos uno más barato, hasta que al final nos dejó tirados, cuando fuimos a casa de la abuela en vacaciones. Mi madre parecía que, en principio aceptaba las decisiones de mi padre, pero en realidad se notaba que le respetaba cada vez menos. Al final empezó a hablar abiertamente, que le molestaba que mi padre no hiciera nada.

- Al final llegasteis a un acuerdo. ¿Cuánto tardasteis? – le pregunto a Beata.

- Después de algunos años entendí que no volviera a la empresa y al final lo dejé en paz. Empecé a ver el lado positivo. Podía seguir adelante. Sabía que los niños siempre estaban bien con su padre. Teníamos menos dinero y no podíamos permitirnos unas “vacaciones de ensueño” pero cuando dejé de presionarlo, reinó la paz y la tranquilidad en casa. Una cosa por otra.

Cuando trabajaban los dos, todos los días iba doña Ola, que limpiaba y hacía la comida, un año después solo iba los viernes para preparar la comida para el fin de semana, a Beata nunca le gustó ni sabía cocinar. Paweł tampoco sabía pero aprendió. Al principio compraba en la garmażeria: pierogi, łazanki o filetes precocinados, y algunos días iba al chino. Después aprendió a hacer bases de pizza, cortaba cebolla, salchichas, tomates, rallaba queso, cada uno se preparaba la pizza a su gusto. Se convirtió en un experto de los supermercados y las compras en el mercadillo. Sabía quién tenía los mejores tomates y dónde se vendía el queso más rico y barato.

Lo único que no le salía bien era limpiar, odiaba pasar la aspiradora, hacía como que todo estaba limpio o les obligaba a los niños.

Estoy bien

- ¿Has pensado alguna vez en volver al trabajo?

- De momento no, estoy bien.

- ¿Y tu familia?

- No somos perfectos, ¿pero por qué les extraña que un tío no trabaje? ¿Sería mejor que fuera un director frustrado que odia su trabajo y a todo el mundo? Seguramente al final mi propia familia empezaría a tenerme tirria a mí también. Y sí, estoy muy tranquilo. Quizás me agoté demasiado rápido, no servía para trabajar en una empresa, y me atraganté con la oportunidad de hacer carrera. Seguramente si Beata me hubiera insistido más, hubiera encontrado algo, pero por suerte me dejó tranquilo. Por eso estoy muy agradecido.


***


Qué dicen las encuestas

¿Es importante el trabajo para las mujeres?

El 60% de las mujeres cree que el trabajo les da prestigio y reconocimiento social.

Solo el 36 % de los hombres aprecia que el trabajo es un medio de reconocimiento para las mujeres.


¿Quién trabaja más?

Las mujeres ejecutivas trabajan 270 horas al mes. Entre ellas 185 horas en el trabajo y hasta 85 horas en casa dedicadas a la limpieza, la colada, la cocina o el cuidado de los niños.

Los hombres ejecutivos trabajan 248 horas al mes. Entre ellas 203 horas laborables y solo 45 horas en casa.


¿Quién de verdad friega los platos?

El 20% de los hombres afirma que son ellos, y no sus mujeres, los que friegan los platos en casa.

El 7% de las mujeres asegura que sus maridos friegan los platos.


¿Quién está dispuesto a sacrificarse?

El 57% de los hombres está de acuerdo en que cuando realmente es necesario, LA MUJER debe saber sacrificarse y apoyar a sus compañeros.

En cambio el 47% de los hombre está de acuerdo en que cuando realmente es necesario, EL HOMBRE debe saber sacrificarse y apoyar a sus compañeras.







* Garmażeria: sklep lub dział gastronomii sprzedający gotowe potrawy (un establecimiento donde venden comidas preparadas, sobre todo de carne, pierogi, etc.)




Pierogi


Łazanki

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